Hay una ilusión que vuelve cada Navidad, por muchos años que pasen. La de escuchar que Olentzero está a punto de llegar, descubrir a Mari Domingi entre los invitados o esperar con impaciencia el momento de entregar la carta a los Reyes Magos . Son esos instantes en los que los ojos de los txikis se llenan de emoción y, a su lado, amatxus, aitas, amonas y aitonas vuelven a recordar cómo vivían estas fiestas cuando eran pequeños.
En Lekim Animaciones queremos que esa magia llegue a cada rincón de Bizkaia. Que los txikis puedan abrazar a sus personajes favoritos, compartir sus deseos y vivir momentos que recordarán durante años. Y que quienes han preparado cada detalle con tanto cariño puedan disfrutar contemplando sus sonrisas. Porque pocas cosas hay tan bonitas como descubrir que toda la ilusión que hemos puesto en una celebración termina reflejándose en los rostros de quienes más queremos.
Imaginad ese instante en el que, de repente, Olentzero y Mari Domingi hacen su aparición. Las miradas de sorpresa, las pequeñas manos aferradas a sus cartas, los nervios de quienes todavía no se atreven a acercarse… Y, entre tanta emoción, esas sonrisas cómplices de las amatxus, los aitas y las irakasleak que observan la escena, disfrutando casi tanto como los peques.
Comienzan entonces las preguntas, las confidencias y esos pequeños secretos que solo se cuentan a los personajes de la Navidad. Hay quien se acerca con decisión, quien necesita un poquito de ayuda y quien, después de esperar tanto tiempo, se queda sin palabras al tenerlos delante. Cada encuentro es diferente, porque detrás de cada mirada se esconde una ilusión única.
Nuestro equipo de actores y actrices profesionales da vida a estos entrañables personajes con cercanía, cariño y naturalidad. Porque lo verdaderamente especial no es únicamente ver llegar a Olentzero, sino todo lo que sucede después: las conversaciones llenas de inocencia, los abrazos inesperados y esa felicidad que se contagia a todas las personas presentes.
Hay algo especialmente bonito en estas fechas: descubrir cómo la misma ilusión se vive de maneras diferentes en cada rincón de Bizkaia. En una gran ciudad o en un pequeño pueblo, basta con anunciar la llegada de Olentzero para que los nervios y las sonrisas empiecen a aparecer.
A veces todo comienza una mañana en una ikastola de Bilbao, cuando una irakasle anuncia que alguien muy especial está a punto de llegar. Las aulas se llenan de susurros, las niñas y los niños buscan sus cartas y las miradas se dirigen una y otra vez hacia la puerta. Esa misma emoción puede vivirse en los colegios de Barakaldo, Getxo o Basauri, donde cada pequeño encuentro se convierte en una historia que los txikis quieren contar al llegar a casa.
Otras veces, la magia aparece en los centros comerciales, donde las familias aprovechan una tarde navideña para acercarse a saludar a Olentzero y Mari Domingi. En localidades como Leioa, Portugalete o Santurtzi, podemos imaginar esas pequeñas manos sujetando con fuerza una carta, alguna amatxu preparando una última fotografía y unos ojos llenos de expectación cuando por fin llega el turno.
Y qué decir de las kalejiras de Olentzero y Mari Domingi, cuando la música, los villancicos y la alegría llenan las calles. Desde los pueblos de Uribe Kosta hasta Galdakao, Durango, Gernika-Lumo o Bermeo, nuestras tradiciones encuentran en cada celebración una nueva oportunidad para emocionar. Las amonas reconocen las canciones de siempre, las familias acompañan a los personajes y los txikis descubren esa Navidad que también vivieron sus aitas y aitonas.
También hay encuentros más recogidos, igual de entrañables: una visita a una empresa de Erandio o Sestao, una celebración familiar en Sopela o Mungia o una tarde preparada con cariño en un colegio de Amorebieta-Etxano. Lugares diferentes en los que el deseo de sorprender a los pequeños sigue siendo el mismo.
Porque nuestras visitas de Olentzero y Mari Domingi en Bizkaia pueden formar parte de celebraciones muy distintas: colegios e ikastolas, centros comerciales, fiestas de empresa, kalejiras, asociaciones y encuentros familiares. Cada espacio tiene su propio encanto, pero la emoción es siempre la misma: esa expectación tan especial que se crea cuando sabemos que alguien muy querido está a punto de aparecer.
Hay celebraciones que comienzan de la manera más sencilla y terminan convirtiéndose en recuerdos entrañables. Una merienda entre compañeros, familias que se reúnen, niñas y niños que descubren nuevos amigos y esas conversaciones que poco a poco se mezclan con las risas de los más pequeños.
Es lo que sucede en muchas fiestas de Navidad de empresas, cuando el lugar de trabajo se transforma por unas horas en un espacio lleno de alegría. Las compañeras y compañeros llegan con sus familias, los txikis corretean ilusionados y quienes han dedicado tanto cariño a preparar la celebración empiezan a disfrutar viendo cómo todo cobra vida.
Y entonces comienza la diversión. Nuestros espectáculos infantiles de clown, magia y juegos llenan la tarde de ocurrencias, situaciones disparatadas y pequeñas sorpresas. Los txikis participan, se sorprenden ante cada truco, estallan en carcajadas y miran a sus amatxus y aitas como queriendo compartir cada nuevo descubrimiento.
Mientras tanto, los mayores también terminan dejándose llevar. Porque pocas cosas hay tan bonitas como contemplar la felicidad de una niña o un niño y recuperar, aunque solo sea por un ratito, aquella inocencia con la que también vivimos nuestras primeras Navidades.
Pero la tarde todavía puede guardar su secreto más emocionante…
Cuando parece que la fiesta está llegando a su fin, llega ese momento que tantos txikis estaban esperando: ¡la visita de Olentzero! Y si Mari Domingi también forma parte de la celebración, la emoción se hace todavía mayor. Las cartas vuelven a aparecer, los nervios se mezclan con las sonrisas y cada pequeño espera su momento para acercarse y compartir sus deseos.
Entonces, quienes han organizado aquella tarde descubren que todo el cariño y la ilusión que pusieron en prepararla han merecido la pena. Porque, al final, lo verdaderamente especial no es cuánto ha durado la fiesta, sino lo felices que hemos sido compartiéndola.
Y si hablamos de Olentzero, no podemos olvidarnos de sus inseparables y traviesos ayudantes, los Galtzagorris. Con ellos nunca se sabe qué puede ocurrir: una pequeña travesura, una broma inesperada o alguna sorpresa capaz de arrancar las carcajadas de todos los presentes.
Su simpatía y complicidad cautivan a los txikis, mientras las amonas y los aitonas disfrutan viendo cómo esas costumbres que forman parte de sus propios recuerdos siguen despertando la misma ilusión en las nuevas generaciones.
Y qué mejor manera de compartirlas que entonando juntos esos villancicos que tantas veces hemos escuchado desde pequeños: Olentzero joan zaigu, mendira lanera intentzioarekin ikatz egitera…
Son momentos que nos unen, que mantienen vivas nuestras tradiciones y que permiten a los txikis descubrir esa Navidad que un día vivieron sus amatxus, aitas, amonas y aitonas. Una ilusión que pasa de generación en generación y que nunca debería perderse.
Una carta entregada con ilusión, una canción que todos recuerdan, una tarde de juegos y risas o ese abrazo tan esperado con Olentzero y Mari Domingi… A veces, los momentos más sencillos son los que terminan convirtiéndose en los recuerdos más bonitos.
Si estáis preparando una visita de Olentzero y Mari Domingi en Bilbao o cualquier localidad de Bizkaia, para vuestra ikastola, colegio, centro comercial, empresa, kalejira o celebración familiar, en Lekim Animaciones nos encantará ayudaros a hacer realidad una Navidad llena de ilusión.
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